Todos sabemos que, efectivamente, estamos en el siglo XXI. Hemos crecido y avanzado como sociedad capitalista, con la implantación real de las nuevas tecnologías y de una globalización que afecta tan sutil como radicalmente en nuestras vidas.
Digo sutilmente porque, entre otras cosas, los hilos de la sociedad son movidos por otros ajenos a nosotros mismos. Somos esa marioneta que a veces recibe duras sacudidas, y no puede hacer más que oponerse y protestar, muchas veces en vano, ante esa resistencia externa que se nos impone incondicionalmente.
Si nos vamos a otros siglos, eran los distintos países y sus gobiernos, dictatoriales, republicanos, democráticos o de cualquier otra modalidad política, los que movían esos hilos. Ellos podían cambiar el destino de una nación radicalmente siempre que pusieran el empeño necesario.
Hoy día no, los títeres somos todos, incluidos los políticos, átomos privilegiados que solo tienen capacidad de indignar medianamente a sus paisanos con medidas que a grande escala solo matizan, ya que las decisiones mayores son ordenadas por otras naciones, estructuras, o incluso organismos situados jerárquicamente en un peldaño superior del absorbente sistema capitalista actual, que muchas veces enguye a los átomos o unidades básicas de una sociedad cada vez más inmóvil.
Si pensamos en ello: ¿Cuál es la raíz para erradicar esta determinación y liberarnos progresivamente del mercado laboral y el mundo de la economía?
La educación, no hay otra, pero... Si existe educación, todos tenemos fácil acceso a ella (siempre y cuando perdure la modalidad pública) y es la herramienta más eficaz a la hora de crear sujetos que se adapten a la sociedad.¿ Por qué existe tal anacronía, contradicción o como quiera llamarse, entre el desarrollo vertiginoso de nuestros medios y los métodos de la escuela?
Los métodos, paradójicamente, no se corresponden con la innovación material que nos rodea, son tradicionales, arcaicos, inflexibles y poco disruptivos. La escuela, por tanto, así no cumple con su función de adaptar a sus miembros, que son retenidos y custodiados gran parte de sus vidas inútilmente.
La innovación es del verdadero siglo XXI, es la herramienta, el medio eficaz que ha de usar la escuela para uno de sus mayores propósitos.
Al margen quedan los libros de texto y aquellos "sabelotodo" que se presentan en el aula con aire de superioridad y escupen ideas de diferentes áreas de conocimiento, que aún siendo de otros, hacen como suyas. Quién sino nunca ha oido: "chicos atended que es muy importante el teorema de pitágoras" " Abrid el libro por la página... y leed.. y haced las actividades.."
No, no y no. El niño ha de saber que ese teorema está en Wikipedia, y en miles de sitios web más. El docente no tiene por qué manejar necesariamente una gran cantidad conceptos de gran complejidad, sino que ha de tener las habilidades competentes suficientes para guiar a su alumno, para que éste interactúe con la infinidad de medios de los que disponemos: cooperación, trabajo en grupo, lluvia de ideas. Un Aprendizaje Basado en Problemas , que forme sujetos críticos y capacitados en la resolución de conflictos.
En definitiva, que el miedo al fracaso ante algo nuevo, no produzca un estancamiento pedagógico y metodológico. Es cierto que la escuela tradicional se ha mostrado eficaz, pero los medios no pueden superar a los sujetos, éstos tienen que domarlos y usarlos a su favor.
Es hora de experimentar en la escuela, desde el conocimiento y la formación; con mucha cautela porque jugamos con el futuro de otros. Es la era de la tradición de la ruptura, una vez superada la ruptura de la tradición.
"La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño". F.Nietzsche.
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jueves, 11 de abril de 2013
sábado, 6 de abril de 2013
Formación de paja, cartón o corcho. La sociedad califica y NO evalua.
Curioseando por la red, entre blogs como el de Miguel Sola (perdonen el atrevimiento) y otros de su círculo, topé con una entrada de blog, Debe ser que eres maestro o ni falta, y tras leer detenidamente sus, a mi juicio, más que correctas palabras me enervé, enojé, irrité en cierto modo (si cabe ser políticamente correcto). Más aún cuando pude observar y constatar con mis propios ojos el artículo de Pilar Álvarez en El País ("Maestros suspensos en Primaria"), ante el cuál decidi reflexionar y argumentar lo siguiente:
El título de mi entrada dice " formación de paja, cartón o corcho". Llamo así a toda formación que recibe un docente, relativa a engrosar desmesuradamente, o incluso virtuosamente sus competencias, como dijo Nietszche en muchas de sus obras, a modo de Superhombre que supera al ser humano normal y corriente y dirige la sociedad.
Pues si eso es lo que pretendemos, adelante, pongan desde primer curso de la carrera de Magisterio asignaturas solo formales, que aseguren a docentes que sepan decir dónde están todos los ríos de carrerilla, en orden alfabético y haciendo el pino a una mano. Y quien dice ríos dice provincias, historia, lengua, matemáticas, filosofía, ética, moral, etc.
Manden inspectores y quiten a todos aquellos profesores que no son "legales" y innovan en sus clases en vez de dar tochos teóricos y plantear clases tan intelectuales como apáticas, en las que el docente de un alarde de saberes y mira al alumno con arrogancia si éste no llega a su nivel de abstracción.
Foucoult habla de un sistema que vigila y controla a sus individuos, pero añade que éstos pueden oponer resistencia y no ser sumisos. Además control no equivale a calidad, porque puestos a ser competentes, que yo sepa no son sinónimos.
Ante esto, verifica el artículo: (...) Hasta la fecha, no es necesario aprobar todas las partes del examen para integrar la lista de interinos de la que se nutren a lo largo del curso para cubrir cualquier vacante que surja. Prima la antigüedad, con un peso del 46,8%, seguido de la nota del examen (36,01%) y de otros méritos (16,1%). La Consejería de Educación le dará la vuelta a ese baremo en un decreto que espera aprobar antes de las próximas oposiciones, previstas en verano. Su intención es reservar un 80% del resultado final a la nota y dejar reducida al mínimo la experiencia (15%) más otro 5% de otros méritos(...).
En definitiva, mayor control traducido en la mayor importancia de la calificación, tal y como se mueve la sociedad actual, calificando y prescindiendo de la evaluación racional . Lo demás no importa. Para ello no tenemos más que ver las redes sociales como juzgan, se mofan,de los actos de los demás, permitiéndose opinar sobre vidas ajenas , tal y como pude contemplar ante un Trending Topic de Twitter de hace escasos días,relativo a un vídeo difundido y protagonizado por MENORES de edad (véase este artículo ).
Concluyendo, quizá la solución no esté en desprestigiar a colectivos con titulares como el del artículo, sino en remover las conciencias individuales, y ofrecer un baremo que tenga en cuenta tanto la calificación como otros aspectos, así como de asegurar que, en el proceso de formación de un docente, hay métodos erróneos que curiosamente no se cuestionan.
Pero la realidad es otra, hay que competir para obtener el prestigio y un rol considerado en esta sociedad, ya que calificamos en función a las estadísticas y los números, sin tener previa experiencia testimonial; la administración una vez más opta por segregar antes que por subsanar.
El título de mi entrada dice " formación de paja, cartón o corcho". Llamo así a toda formación que recibe un docente, relativa a engrosar desmesuradamente, o incluso virtuosamente sus competencias, como dijo Nietszche en muchas de sus obras, a modo de Superhombre que supera al ser humano normal y corriente y dirige la sociedad.
Pues si eso es lo que pretendemos, adelante, pongan desde primer curso de la carrera de Magisterio asignaturas solo formales, que aseguren a docentes que sepan decir dónde están todos los ríos de carrerilla, en orden alfabético y haciendo el pino a una mano. Y quien dice ríos dice provincias, historia, lengua, matemáticas, filosofía, ética, moral, etc.
Manden inspectores y quiten a todos aquellos profesores que no son "legales" y innovan en sus clases en vez de dar tochos teóricos y plantear clases tan intelectuales como apáticas, en las que el docente de un alarde de saberes y mira al alumno con arrogancia si éste no llega a su nivel de abstracción.
Foucoult habla de un sistema que vigila y controla a sus individuos, pero añade que éstos pueden oponer resistencia y no ser sumisos. Además control no equivale a calidad, porque puestos a ser competentes, que yo sepa no son sinónimos.
Ante esto, verifica el artículo: (...) Hasta la fecha, no es necesario aprobar todas las partes del examen para integrar la lista de interinos de la que se nutren a lo largo del curso para cubrir cualquier vacante que surja. Prima la antigüedad, con un peso del 46,8%, seguido de la nota del examen (36,01%) y de otros méritos (16,1%). La Consejería de Educación le dará la vuelta a ese baremo en un decreto que espera aprobar antes de las próximas oposiciones, previstas en verano. Su intención es reservar un 80% del resultado final a la nota y dejar reducida al mínimo la experiencia (15%) más otro 5% de otros méritos(...).
En definitiva, mayor control traducido en la mayor importancia de la calificación, tal y como se mueve la sociedad actual, calificando y prescindiendo de la evaluación racional . Lo demás no importa. Para ello no tenemos más que ver las redes sociales como juzgan, se mofan,de los actos de los demás, permitiéndose opinar sobre vidas ajenas , tal y como pude contemplar ante un Trending Topic de Twitter de hace escasos días,relativo a un vídeo difundido y protagonizado por MENORES de edad (véase este artículo ).
Concluyendo, quizá la solución no esté en desprestigiar a colectivos con titulares como el del artículo, sino en remover las conciencias individuales, y ofrecer un baremo que tenga en cuenta tanto la calificación como otros aspectos, así como de asegurar que, en el proceso de formación de un docente, hay métodos erróneos que curiosamente no se cuestionan.
Pero la realidad es otra, hay que competir para obtener el prestigio y un rol considerado en esta sociedad, ya que calificamos en función a las estadísticas y los números, sin tener previa experiencia testimonial; la administración una vez más opta por segregar antes que por subsanar.
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